domingo 10 de febrero de 2008

Una Editorial

El flagelo de la violencia familiar

La violencia familiar es uno de los flagelos más extendidos en nuestra sociedad. Tiene raíces en la cultura machista y afecta fundamentalmente a las mujeres. En general, este padecimiento es vivido silenciosamente por las víctimas, debido sobre todo a la insuficiencias de los remedios institucionales.

Las cifras de denuncias del año pasado sirven como un indicio de la extensión del problema. En la provincia de Buenos Aires se registraron 35 mil denuncias y en la Capital Federal 15 mil, pero el número de afectados es notablemente mayor. Según una estimación del BID, el 25% de las mujeres del país es víctima de alguna forma de violencia. Además, casi la mitad de las mujeres asesinadas lo fueron por actos de sus compañeros. Este cuadro muestra la degradación y sometimiento a la que son sometidas decenas de miles de mujeres en los hogares del país, pero también es prueba de la insuficiencia de la actual estrategia para abordar el problema.

Ante este panorama, es acertada la inquietud gubernamental de promover un instrumento legal que tenga mayor incidencia contra la violencia familiar. Así, el anteproyecto que está en estudio contempla penalizar no sólo las lesiones físicas, como actualmente se hace, sino también los daños psicológicos y los maltratos menores.

La sanción de una ley de violencia en el núcleo familiar puede ser, entonces, un paso importante, que les dará a los jueces un instrumento más adecuado para intervenir en las causas. Pero además resulta necesario que se implementen mecanismos que prevengan la violencia denunciada y que contengan a la víctima para que que pueda liberarse del sometimiento en el que muchas veces queda atrapada por falta de recursos. También es necesario combatir la cultura autoritaria que lesiona la integridad de las personas en el hogar.

La violencia familiar es un flagelo extendido y, según el BID, la cuarta parte de las mujeres argentinas sufren algún tipo de violencia. Es necesaria una ley para combatir la violencia familiar y revertir la cultura que la origina.


Editorial publicada en Clarín