viernes 7 de marzo de 2008

Pedofilia: un problema de larga data.

Empecemos definiendo.

Según el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) la pedofilia se encuentra dentro de la categoría de parafílias, ubicada dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”.
Es la presencia de fantasías o conductas que implican actividad sexual entre un adulto y un niño.

Puede darse de diferentes formas: en relación a la orientación, puede ser de tipo heterosexual, homosexual o ambas; en relación a objeto, éste puede ser exclusivamente pedofílico o no.

Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la penetración. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño para luego llevar a cabo sus objetivos.

Se distinguen dos variantes en la pedofilia:

La sentimental homoerótica y la agresiva heterosexual. Los sentimentales homoeróticos tienen poco interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concretándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo.
Los agresivos heterosexuales intentan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van desde la seducción a la violencia.

En su mayoría los pedofílicos son hombres, menos agresivos que los violadores; muchos de ellos son alcohólicos o psicóticos de mente torpe o asociales, y su edad fluctúa entre los 30 y 40 años; generalmente, de fuertes convicciones religiosas, en general, son hombres débiles, inmaduros, solitarios y llenos de culpa.

La personalidad del agresor de mediana o mayor edad es de un individuo solitario y con dificultad para establecer relaciones heterosexuales normales, suele tener baja autoestima, con pocos recursos para enfrentar situaciones de stress y frecuentemente abusa del alcohol y/o sustancias. Por lo general, no presenta trastorno psicopatológico. Sin embargo, se ha visto que dos tercios de los reclusos pedofílicos maduros llevaron a cabo esta conducta en momentos que sufrían de situaciones estresantes.

El pedofílico no se acerca a los adultos debido a que teme ser castrado por ellos, que son representantes de sus padres, hacia los que dirige sus impulsos incestuosos.

Se identifica con su madre y se relaciona con los niños de la misma manera como añora que debiera ser su relación con ella, por ese motivo es que elige a niños que puedan representarlo a él mismo. El temor a la castración intensifica su narcisismo, por la necesidad de protegerse a sí mismo.

Poco se sabe de las causas, pero se dice que una de ellas es el aprendizaje de actitudes negativas hacia el sexo, como experiencias de abuso sexual durante la niñez, sentimientos de inseguridad y autoestima baja, con dificultad en relaciones personales; lo que facilita la relación adulto-niño.

En algunos casos de pedofilia resulta beneficiosa la técnica de la desensibilización encubierta, en la que se asocian los factores estimulantes para el sujeto con situaciones aversivas que resultarían de la expresión de sus impulsos; al avanzar el tratamiento se entrena a los pacientes para que imaginen la atracción por mujeres adultas.

Frecuentemente se observa una disminución de la atracción hacia las niñas y una disminución aún mayor en la ansiedad producida por las mujeres.

La Perspectiva Social

El abuso sexual de los menores puede acontecer dentro del cuadro familiar (incesto), en el ámbito comunitario (pederastia) o a nivel internacional (prostitución infantil).

Nivel comunitario - Pederastia

El abuso sexual por pederastas de la calle es traumático pero ocasional y, raras veces, está preparado, como en el incesto, y organizado, como en las redes de prostitución infantil.

En este tipo de violencia sexual, las circunstancias, la personalidad del agresor u el aparato judicial ocupan un lugar destacado.

Las circunstancias

La mayor parte de los menores víctimas de abuso sexual urbano o suburbano son aprehendidos en jardines públicos, a la salida de las escuelas, en los predios en ruinas o en descampados. La taza relativamente baja de adolescentes-víctimas se explica, en parte, por el porcentaje de uniones contraidas circunstancialmente para ocultar la violación. El menor curioso y sin experiencia del mundo es fácilmente sugestionable por las propuestas y actitudes de un adulto diferente, aparentemente simpático. A veces, las malas condiciones de vida familiar llevan al menor desamparado a vagar por las calles, en busca de un padre o de una madre imaginarios, que acaban por encontrar, dramáticamente, en la persona del pedófilo.


La personalidad del agresor

Hay pedófilos de todas las clases sociales. Los más peligrosos sin, ciertamente aquellos en los que el niño confía por naturaleza, como un criado, un amigo de la familia, o aquellos que el niño idealiza por sus funciones, como un sacerdote, un profesor, un bombero e un policía. El acto perverso de estas personas insospechadas deja cicatrices profundas en el alma del niño bajo la forma de culpa y de angustia. Los pedófilos menos peligrosos, desde el punto de vista psicológico, son los marginales, los exhibicionistas de la calle. Estos actúan desde fuera, compulsivamente como un relámpago, y después son castigados y encarcelados, con gran alivio reparador para el menor. La imagen del "bestia" es irreversible, pero los efectos brutales de sua cto acaban por diluirse poco a poco con el tiempo: "Finalmente, es un tarado que no sabe lo que hace".

El aparato judicial

La intervención de la justicia es indispensable para la seguridad y reparación de los individuos. Con todo, la manera cómo se actúa judicialmente resulta, la mayor parte de las veces, traumática, por falta de preparación psicológica de los agentes. El simple hecho de tener que reconstruir los hechos al detalle y de tener que someterse a exámenes médicos y psicológicos es yu, en sí, un segundo trauma. El menor-víctima es obligado a revivir lo que para él fue motivo de gran sufrimiento. En tanto que el psicólogo es un profesional comprensivo que tiende a desdramatizar la situación, el juez es un profesional obsesivo que dramatiza aún más los acontecimientos en nombre de la justicia.

EL PROBLEMA

La lucha contra la violencia sexual con menores pasa necesariamente por la reformulación de dos grandes cuestiones:

1. Lugar del menor en la sociedad

En los países ricos del planeta (Alemania, Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña...) en los últimos 10 años, hu aumentado significamente el número de menores que viven por debajo del nivel tolerable de pobreza.

En estos mismos países, la sobrevivencia de millares de niños depende de factores arbitraron, como la balanza de pagos, la fluctuación de la coyuntura económica, etc. En Africa y en América hay millares de niños que pagan con su integridad física o mental las deudas fabulosas de sus respectivos países.

Más del 70% de niños mueren en estos países es por males fácilmente curables y más fácilmente previsibles, como el sarampión, la diarrea, el tétano, la neumonía, etc.

En los países donde la explotación sexual de los menores es más intensa, como en Tailandia, Filipinas, Sri Lanka y Brasil, se asiste a una verdadera catástrofe silenciosa: 40 mil niños mueren diariamente de desnutrición y de otras dolencias, incluido el SIDA, por contagio con turistas sexuales de occidente: 150 mil luchan desesperadamente contra el hambre o contra las secuelas de la misma; y 100 mil en edad escolar no van a la escuela.

En circunstancias normales, las niñas parecen ser más resistentes que los niños a los sesgos de los primeros años de vida. Con todo, en determinados países de discriminación sexual contra las niñas (India, Pakistan, etc...) más de un millar de niñas mueren anualmente, por el simple hecho de no haber nacido varón. Son pospuestas a los niños en el ingreso a la escuela.

En la Europa de final de siglo, la época que atravesamos no se presenta nada propicia para los menores. Con la urbanización y con la alta tecnología sofisticada, el abandono de niños y los malos tratos físicos y psíquicos nunca habían alcanzado proporciones tan alarmantes: 6 millares de niños de familias llamadas normales sufren de depresión.

El trabajo competitivo y excesivamente prolongado de los padres fuera de cada están alterando las relaciones de la vida familiar. Con menos tiempo para los hijos, y sobre todo, con menos disponibilidad para escucharlos, los padres se sienten culpables. Es rara la familia donde los padres y los hijos consiguen reunirse para reír, llorar, cantar o simplemente estar juntos, por causa de la interferencia de la televisión.

Las nuevas familias de hecho, o reajustadas después del divorcio, raramente consiguen sanar las heridas dolorosas de los hijos, provocadas por la separación de los padres.

El resultado de esta situación, es que muchos padres, consciente o inconscientemente, rechazan a los hijos, sobre todo cuando éstos presentan señales de inconformidad o de sufrimiento. En la comunicación padres-hijos, se pasa fácilmente a los hechos, con malos tratos por parte de los padres o con violencia psicológica por parte de los hijos.

Muchas veces, los padres, agotados todos los recursos interiores por falta de tiempo para ellos mismos, buscan en los hijos e hijas la satisfacción sexual que no encuentran el la pareja o como compensación a las carencias profundas de su propia infancia, nunca satisfechas.

En este mundo en transformación, será todavía el menor, con su mundo personal, una de nuestras mayores prioridades?


2. Actitud de los adultos en relación a los menores

Hay dos actitudes dominantes de los adultos con respecto a los menores, que se convierten en dos maneras diferentes de estar en el mundo con ellos:

a) El menor como sujeto

El menor es suficientemente apto desde el nacimiento, para dar un sentido a su vida. El acto de mamar, jugar, dar los primeros pasos, etc., son maneras del niño de afirmarse como sujeto autónomo de deseos, frente a los adultos.

La prueba de esta autonomía está en el hecho de que las palabras y gestos de los padres sólo tienen sentido para el niño cuando son percibidos e interpretados por él, a su manera.

El bebé sólo aprehende lo que puede asumir, personalmente, dándole un significado propio. En la edad escolar, el menor se distancia más de los adultos al adquirir una cierta manera de saber, de sentir y de ver las cosas.

Su filosofía del mundo y de la vida se convierte en "escuela propia" diferente de la de los adultos.

En la adolescencia la autonomía toma mayor dimensión con la capacidad de estar solo, de crear un proyecto de vida y de sentir su propio mundo interior.

El hilo conductor de este proceso interior hacia la autonomía es la sexualidad con la crotización del cuerpo, las nuevas posibilidades de relacionarse, la curiosidad persistente y la fuerza del deseo.

Cuando la sexualidad se altera, es toda la personalidad la que entra en crisis, con pérdida del gusto por vivir. Por eso, cualquier interferencia sexual por parte de los adultos, a nivel del cuerpo o de los deseos del menor, como acontece en la pedofilia, compromete gravemente su felicidad.

El adulto que respeta la dinámica propia de la autonomía infantil está atento a sus manifestaciones sexuales y, lejos de interferir, procura vivir con el menor, aprendiendo con él.

b) El menor como objeto

El menor es un objeto para el adulto, cuando éste, incapaz de contener sus impulsos, los proyecta inconscientemente en la persona del menor, volviéndose ésta una ocasión de placer, una compensación afectiva, una oportunidad para tenderse a sí mismo en el futuro un subterfugio ante el miedo a la muerte. Esta actitud perversa del adulto puede comprometer seriamente la relación del menor consigo mismo, con el mundo y con los demás.

El hecho de que el menor no se mueva no significa que no tenga un espacio propio de proporciones ilimitadas. El hecho de no hablar no significa que no tenga deseos de comunicarse. El hecho de ser biológicamente inmaduro no significa que no tenga una vida sexual propia que respetar.




2 comentarios:

dayree dijo...

Gracias andrea por invitarme a este hermoso espacio...me encanta el tema y lo que pueda hacer para detener esta violencia que cadia se hace mas grande en esta sociedad.

besoss y muy lindo tu blog te felcito nuevamente!!!!

Andrea dijo...

Day, este blog no es mío... el mío, lo conocés, es donde yo escribo sobre... mi pequeño y cerrado mundito. Acá es un espacio en el que, de momento, 4 mujeres aportamos lo que podemos para sembrar el respeto, el amor y la tolerancia.
Ojalá pronto seamos más que sólo 4.
Besos y Gracias por participar!